Acerca de la “Rebelión de los Objetos” y ciertas consideraciones sobre el fin del mundo

Por: José Zegarra Malatesta

Rebelión de los Objetos, mural de la ¨Huaca de la Luna"La “Rebelión de los Objetos”, mural ubicado en la Huaca de La Luna perteneciente a la cultura mochica al noroeste de Perú.

Lima, Perú, 26 de febrero del 2012.— Tanto se ha dicho, escrito y se seguirá escribiendo, acerca de las profecías del “Fin del Mundo”, comenzando por la más difundida: las Siete Profecías Mayas y lo que en realidad implicaría para la humanidad, el hecho que su quinto ciclo solar termine el 21 de diciembre y marque comienzo a un nuevo ciclo calendario, o “Sexto Ahau” (Sexto Sol) de 5,200 años. Muchos también han querido encontrar no pocas coincidencias con las enigmáticas profecías de Nostradamus y en el tan mencionado libro, el Apocalipsis de la Biblia.

Por mi parte –amables lectores– quisiera citar en este entorno “apocalíptico”, cierta hermosa leyenda de la cultura Moche, que se ha transmitido, oralmente de generación en generación y que los arqueólogos han corroborado con su representación en los murales de la Huaca de la Luna y en algunos ceramios; la denominada “Rebelión de los Objetos”.

Y que investigando por la web, encontré recogida, en una tesis de grado que pueden leer en esta página[i]: “Se recuerda que entre los años 1925 y 1926 se registraron relieves policromados que representaban guerreros en fila y de perfil y una pintura mural denominada “LA REBELIÓN DE LOS OBJETOS[1]”. Por referencia verbal de un anciano de la campiña moche se revela de qué se trata. Y es efectivamente una rebelión: según él… ‘llegó una época conflictiva en estos lares. Había enfrentamientos y crueles batallas, la tierra y ríos se tiñeron de sangre. Las armas ya estaban cansadas de matar y mancharse. Una noche, los instrumentos de guerra acordaron rebelarse, aprovechando el cansancio de los guerreros y así fue’.”

Y continúa con la narración “… Las armas se transformaron y cobraron vida y de inmediato tomaron prisioneros a los guerreros y a sus jefes y les enseñaron a no pelear, sino a vivir unidos. Los hombres comprendieron y se dedicaron a trabajar, bailar y cantar juntos y las tierras comenzaron a producir abundantes alimentos.” Concluye el autor de esta página que, “Este mito grabado en el mural y en la mente de los mochicas, los mantenía en la gesta permanente de consagrar una buena relación con los objetos que utilizaban, pues se vivía en la permanente incertidumbre de ese primer tiempo originario y con la idea de que en algún momento si se sobrepasaban, revivirían el mito y serían masacrados por los objetos.”

Iconografía Moche representando la "Rebelión de los Objetos"

Representación en un ceramio de la Cultura Moche, del mito de la «Rebelión de los Objetos».

Algunos años atrás me llamó la atención, la noticia de ciertos extraños accidentes ocurridos en las líneas de montaje robotizadas de automóviles, ocurridos en el Japón… desafortunadamente, no he podido encontrar referencias en Internet, pero recuerdo claramente que las noticias describían “extraños” accidentes en las plantas de ensamblaje de autos, que de pronto y sin nadie se explicarse porqué, los brazos mecánicos se salían de su programación y asesinaban a los seres humanos que estaban a su alcance.

Con la creciente implementación y difusión de los “dispositivos inteligentes” dotados de micro procesadores y conectados vía IP, al Internet, no sería para nada descabellado el imaginar, que ciertamente en algún momento todos estos objetos, por alguna razón se volvieran en contra de sus creadores, tal como la rebelión de HAL 9000 la famosa súper computadora de la película “2001, Odisea en el Espacio” de Stanley Kubrick. Muchos ejemplos de estos hay en la literatura de ciencia ficción y que Holywood ha recogido en sendas películas.

HAL900 Red EyeRegresando, a la alegoría Moche que cito —amabilísimos lectores—, me parece por cierto coincidente, en los actuales tiempos que vivimos y que justamente, se están caracterizando por la descomposición de los valores éticos de la sociedad: conflictos armados, crisis económicas y emergencia social. Y si a todo esto, sumen Ustedes, esa increíble afrenta contra nuestra propia naturaleza, plasmada en la escandalosa depredación y contaminación de los recursos naturales, nos estamos encaminado inexorablemente, hacia nuestra propia auto destrucción.

Como los antiguos Romanos, sentenciaban gravemente que el “Hombre, es el Lobo del Hombre”, mucho me temo queridos lectores que nos ha tocado vivir, tiempos “extremos” y que de alguna manera —no sabemos si en este 2012— pero en cualquier momento futuro, la humanidad entera “va a tocar fondo.”

Recuerdo —cuando tenía 28 años de edad— me sentí atraído por unos volantes “ecologistas” a un grupo de jóvenes que seguían las enseñanzas de un filósofo argentino, que se hacía llamar “Silo”, cuyo principal postulado era luchar “contra el dolor y el sufrimiento”.

También recuerdo que muchos de nosotros, salíamos a las calles a “evangelizar” a la gente con esta nueva propuesta “humanista”. En una de esas actividades me topé con un estudiante de medicina, que primero me escuchó muy atentamente y luego me recomendó leer una obra: “El gen Egoísta”. Yo nunca olvidé ese momento, porqué después encontré que nuestra especie humana, es por cierto la más egoísta y egocéntrica en esta “gran piedra redonda” llamada Tierra.

El grupo que se autodenominaba “El Movimiento” y que a los pocos meses, por cuestiones personales y relaciones de pareja que se dieron, finalmente terminó desintegrándose y Yo me quedé con esa vivencia —muy apasionante por la calidad humana de sus mensajes— pero que, finalmente sucumbiría ante los personalismos y fuertes “egos” de sus integrantes.

Nada parece haber cambiado, ahora. Volvemos a vivir gracias a la “mass media” y la híper conectividad, el resurgir de los fuertes “egos” alentados por Facebook y Twitter, de los fenómenos y “memes” de la “contra cultura” como el “Hacktivismo” y los “Indignados”… y por el otro lado nuestra comunidad científica nos sigue asombrando con sus descubrimientos, la industria de la tecnología prosigue imparable con sus mejores formas y propuestas para “conectarnos” y “ser más productivos”.

Por mi fuerte convicción “humanista” confieso y me ratifico que soy y seré —mientras tenga un hálito de vida— un sempiterno, más bien tozudo “optimista” acerca de la naturaleza humana, que nunca perderé la fe en que “algo interior” nos hará cambiar y reconsiderar los yerros que nuestra humanidad viene dando. Y que el final, aquella lejana advertencia de esa leyenda moche, nos dejará una lección y los hombres aprenderemos por fin a vivir en paz, de una vez y ojalá, para siempre. Sino…

¡Hasta la próxima, amigos!

José Zegarra Malatesta


[1] Existe también una obra teatral del autor ruso Vladimir Mayakovski


[i] Tesis del alumno Gustavo Orellana Olguín, de la Universidad Católica de Valparaíso, Chile, como uno de los requisitos para optar al grado académico de Diseñador Industrial.